Luna

Con apenas diez días, pude hacerle las fotos a Luna. Deciros que disfruté mucho. ¡Cuánto tiempo esperando a que naciera! La sesión duró casi 4 horas.  Cuando fotografío a bebés me lo tomo con calma. Todo el estrés de levantar a los niños, darles el desayuno, dejarlos al cuidado de alguien, desaparece cuando cruzo la puerta de la casa de Luna. Tengo que admitir, que ese estrés no marcha, se queda en la puerta esperando a que salga para volver a mi. Eso si, esas casi 4 horas, solo pienso en Luna.

Me lo tomo con calma, ella es la que manda y es demasiado pequeña para que la contagie de mis prisas. Voy a su ritmo. Ahora duerme y yo le hago fotos, ahora tiene hambre o mejor aún, se despierta y llora y aprovecho para cogerla en brazos y acunarla un ratito. Veo a sus papis, que tienen tiempo de pasar 4 horas conmigo, sin tener nada que hacer, solo tienen que cogerla a ella, darle de mamar, abrazarla y siento nostalgia y envidia de la sana. Nostalgia por un tiempo que ya se fue y apenas recuerdo, mis niños ya tienen 6 años y con mi mala memoria se me olvidan muchas cosas. Envidia porque yo no viví esos momentos de no tener nada que hacer únicamente estar con ella, sola y con dos bebés prematuros, lo único que recuerdo son biberones, pañales y médicos.

No suelo colocar a los bebés en posiciones incómodas o que no se puedan mover, ya se que no sufren, pero me angustia verles tan apretados. Los coloco y durante un momento tengo mis manos encima de ellos para que se relajen. Si cuando las quito veo que se mueven o que están incómodos, los cambio de posición, han de sentirse a gusto. Y así, poco a poco, entre charlas, voy haciendo una foto tras otra.

 

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